jueves 1 de mayo de 2008

Las emociones en los perros

Hasta ahora hemos tratado dos aspectos del funcionamiento de la mente del perro: el mecanismo de toma de decisiones y la memoria. A pesar de las diferencias, en ambos casos, humanos y perros tenemos más cosas en común de lo que parece, hasta el punto de que algo que parece exclusivo de nosotros, las emociones, también está presente en la mente de nuestros amigos caninos.




Si observamos el comportamiento de nuestro perro ante diferentes estímulos, posiblemente esté sintiendo y demostrando emociones. Por ejemplo, cuando llegamos a casa del trabajo y viene nuestro perro a saludarnos moviendo la cola, estará sintiendo alegría, al igual que si le entregamos un juguete. En cambio si lo dejamos mucho tiempo solo en casa nuestro perro se sentirá triste.

Que nuestro perro sienta es posible gracias a que posee las estructuras cerebrales necesarias, pero su forma de demostrar emociones obviamente no será verbal sinó mediante lenguaje corporal. Los movimientos de la cola, las orejas, la expresión facial, la postura corporal e incluso gemidos, ladridos o gruñidos, nos permitirán, interpretándolos de forma adecuada, saber qué siente exactamente nuestro perro.

Como se mencionó, las emociones se producen en respuesta a un estímulo que atenta contra el bienestar del perro, proporcionándole la energía necesaria para hacerle frente, adaptarse a la nueva situación y permitir su supervivencia, lo que se denomina función adaptativa de las emociones. Encontramos 6 tipos de emociones, cada una de ellas con una función adaptativa que le induce a realizar alguna acción:
  • Alegría: Es un sentimiento de gratificación y bienestar, el perro está contento y desea reproducir aquello que le hace sentir así.
  • Aversión: Asco o disgusto, rechazo de lo que lo causa.
  • Ira: Enfado, induce al animal a la destrucción.
  • Miedo: Sentimiento de incertidumbre ante la proximidad de algún peligro, el perro tiende a buscar protección.
  • Sorpresa: Asombro o desconcierto, su función es ayudar a la orientación en la nueva situación.
  • Tristeza: Habitualmente es un sentimiento de soledad, aunque en algunos casos puede ser pena; reconduce al animal hacia un nuevo estado personal.
Equivocadamente se puede considerar a los celos como una emoción, cuando realmente se consideran un instinto protector. Por ejemplo, los perros celosos de sus dueños cambian de actitud y vuelven desconfiados cuando se acerca al amo un humano desconocido, que considera una posible amenaza.

Finalmente, se ha de tener en cuenta que algunos de estos tipos de emociones están relacionados con trastornos del comportamiento. Por ejemplo, la depresión canina está relacionada con una etapa de tristeza aguda que se va alargando sin terminar por si misma, y los trastornos de agresividad por miedo están causados por el miedo.

domingo 13 de abril de 2008

La memoria

Anteriormente hablamos de la capacidad de decidir del perro, la cual se apoya en la memoria, que es la facultad psíquica por medio de la cual se retiene información. Esta información pueden ser percepciones obtenidas del mundo exterior a través de los órganos sensoriales, o nuevas conductas que se obtienen mediante aprendizaje; posteriormente todo ello es almacenado y retenido.

Según la capacidad para retener información encontramos dos tipos de memoria: a corto y largo plazo. La memoria a corto plazo es de capacidad limitada y dura unos pocos minutos, pero registra la información sin esfuerzo; sin embargo la memoria a largo plazo tiene una capacidad y duración prácticamente ilimitadas, aunque requiere más esfuerzo.

El adiestramiento del perro está intimamente relacionado con la memoria, ya que básicamente lo que hacemos es enseñar al perro nuevas conductas que quedarán retenidas en su memoria a largo plazo. Como la memoria de cada perro es diferente, la capacidad de aprender será más o menos rápida, con lo que debemos ajustar el ritmo de adiestramiento de forma diferente para cada perro. También se ha de tener en cuenta que el aprendizaje es imperfecto, de forma que no retendrá totalmente lo que le enseñemos. Con el paso del tiempo el perro puede olvidar parte de lo aprendido, pero es sencillo recuperarlo con un poco de práctica.

Finalmente, añadir que el perro no tiene la misma capacidad para recordar todos los tipos de percepciones. Al igual que su olfato es mejor que su vista, recordarán mejor los olores que las percepciones visuales.

sábado 12 de abril de 2008

Luna y la dejadez de sus amos

Luna es una cocker de unos 6 años de edad, con cuya familia tengo cierta relación y, cuando voy a visitarlos, con la perra también. Se trata de un caso real, pero como siempre he variado algunos datos para garantizar la privacidad de sus protagonistas.




El bienestar y la felicidad de nuestro perro no son cosas difíciles de conseguir, con dedicarle tiempo y cariño cada día, mantenerlo limpio y desparasitado, bien alimentado y sacándolo a pasear ya estaremos cubriendo sus necesidades más importantes. Aunque la mayoría de nosotros le prestamos toda la atención que necesita a nuestro perro, en los casos en los que se introduce en la familia un cachorrito por simple capricho y se empieza a hacer adulto algunos dueños no son capaces de darles lo que necesitan. Este es el caso de Luna.

Nuestra perrita convive en un amplio piso con una familia con dos niños. Fue adquirida en un criadero cuando cachorrita y durante este periodo no le faltaron mimos y atenciones de toda la familia. Aunque sus amos no la educaban explícitamente, era una perrita alegre con un buen comportamiento, no le faltaba compañía humana y siempre había alguien que la sacaba de paseo.

Cuando empezó a hacerse adulta el interés sobre Luna fue menguando. Primero se terminaron los baños, a la vez que se reducían los paseos con lo que a la perrita no le quedaba más remedio que hacer sus necesidades en el suelo del piso. Sus dueños se limitaban a limpiarlo sin más consecuencias.

Para evitar que Luna ensuciara toda la casa se decidió encerrarla en la cocina durante todo el día, situando allí su comida y su camita. Al pasar todo el tiempo en la cocina el pelo largo de Luna se iba cubriendo con grasa que con el tiempo se iba mezclando con polvo, convirtiéndose su pelaje en una capa compacta y sucia. La única vez que sus amos la intentaron bañar descubrieron que la capa de suciedad acumulada durante meses no salía de ninguna forma. El mal aspecto de la perra junto al desinterés de sus amos terminaron definitivamente con los paseos.




La entrada en la edad adulta de Luna hizo que tanto los niños como los adultos perdieran el interés en ella y dejaron de dedicarle tiempo y cariño. Su vida se desarrollaba solitaria en la cocina, al margen del resto de la familia sin compartir sus actividades.

Hoy en día Luna tiene 6 años, la mayoría de los cuales los pasó en la cocina con muy poca relación con la familia, sin salir a la calle y con su pelo ensuciado por la grasa de la cocina. Una vez al mes uno de sus amos la lleva a una peluquería canina donde, ante la imposibilidad de bañarla, han de raparle el pelo.

Al contrario de lo que pueda parecer, su familia cree que es feliz. Pero Luna no siente que forme parte de la familia, y muestra un comportamiento agresivo por dominancia contra sus amos si le intentan quitar la comida o un juguete. Aunque sólo gruñe a sus amos, puede que sea cuestión de tiempo que les llegue a morder.

Para corregir esta conducta lo ideal es buscar ayuda de un especialista, pero ya que conozco a la perra daré una opinión personal que no tiene porqué ser válida. En primer lugar Luna tendría que estar limpia, bañándola a menudo y situando su camita en cualquier lugar fuera de la cocina para evitar la grasa. Dejandole crecer el pelo y manteniéndola limpia su familia tendría menos reparos en dedicarle caricias. Para que vuelva a sentirse integrada es necesario dedicarle tiempo y cariño, permitirle estar en presencia de sus amos cuando estén en casa y recuperar la costumbre de los paseos diarios. Éstos también le permitirán hacer sus necesidades y un poco de ejercicio.

Con esto estaremos cubriendo la mayoría de sus necesidades y creo que será cuestión de tiempo que la relación entre humanos y perra mejore. Es posible que también desaparezca la agresividad por dominancia, pero de no hacerlo entonces sí que deberíamos recurrir a un especialista.

Decidiendo como un perro

Si observamos durante un rato la actividad de nuestro perro por la finca lo veremos tomar diversas decisiones, quizás al escuchar un ruido procedente del otro lado de la valla se acerque a inspeccionar o escoja el lugar en el que más le apetezca tumbarse a echar la siesta. Aunque no se basa en tantos datos como nosotros para tomar una decisión, nos supera en capacidad de acierto. Es más probable que un humano se equivoque que un perro.

Nuestro proceso de toma de decisiones implica la recopilación de una gran cantidad de datos, analizando las implicaciones futuras de nuestras opciones, y a partir de ahí decidimos en consecuencia. El perro en cambio lo hace de un modo más simple, en base a la ecuación coste / beneficio, lo que quiere decir que entre varias posibilidades, se elige aquella en la que el resultado de esta ecuación sea más favorable, o dicho de otra manera, se obtiene un mayor beneficio con el menor coste.

Por ejemplo, si nuestro perro duda entre tumbarse a dormir al sol o a la sombra en un día caluroso, en el primer caso el coste de pasar calor es elevado y el beneficio obtenido es nulo. En cambio la segunda opción presenta un coste bajo, que es que el suelo pueda estar frío, y un beneficio elevado, poder dormir sin pasar calor. La opción elegida sería pues la segunda.

Los humanos también tomamos decisiones según la ecuación coste / beneficio, pero en nuestro caso la gran cantidad de factores que podemos llegar a tomar en cuenta hacen que podamos equivocarnos con más facilidad. Además, mientras que a los perros su nivel de instintos les es de gran ayuda en la decisión, los humanos habitualmente los dejamos de lado condicionados por nuestra cultura, creencias, ética y socialización.

De todo esto podemos observar que tanto perros como humanos tenemos procesos de decisión muy parecidos, aunque la gran cantidad de factores y condicionamientos que utilizamos nos permiten razonamientos mucho más complejos también hacen aumentar las posibilidades de equivocaciones. En cambio, el proceso simple e instintivo de los perros es perfectamente válido para todas las situaciones a las que se tenga que enfrentar y permite un porcentaje muy elevado de aciertos.